Bryann Avendaño, desde Nueva Zelanda inspira a los futuros científicos en los lugares más apartados de Colombia
A los 15 años, una gota de agua vista bajo un microscopio le abrió a Bryann Avendaño Uribe un mundo que no conocía. Tres décadas después, desde Nueva Zelanda, él trabaja para que otros niños puedan tener ese mismo descubrimiento: en diez años, ha liderado Clubes de Ciencia Colombia y junto con otros científicos ha llevado experiencias científicas a más de 11.000 estudiantes de zonas rurales y remotas, en 28 departamentos del país.
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#DestacadosEnElExteriorEscrito por: Comunicaciones COLFUTURO
Bryann Esteban Avendaño Uribe creció y estudió en el barrio 20 de Julio, en el sur de Bogotá, dentro de una familia que levantó con mucho trabajo un negocio de artes gráficas. La imprenta y la vivienda compartían el mismo espacio, así que él observaba las máquinas y se preguntaba qué razones o fenómenos impulsaban su funcionamiento. Los viajes familiares por Colombia ampliaron esa curiosidad y afirma: “mi laboratorio de crecimiento fue Colombia".
El punto de giro llegó en el colegio, cuando un profesor consiguió un microscopio y Bryann recuerda haber visto microorganismos en una gota de agua y comprender que quería explorar aquello que no era evidente a simple vista. Así que, estudió Biología y doble programa con Ecología en la Pontificia Universidad Javeriana, con el esfuerzo económico de sus padres, algunas ayudas financieras y becas por excelencia académica.
Desde el pregrado quiso evitar que el conocimiento permaneciera encerrado en el laboratorio: creó juegos para explicar biotecnología a comunidades campesinas y dedicó buena parte de sus vacaciones a proyectos sociales en distintas regiones del país.
Más adelante fue investigador de campo en un proyecto financiado por la Unión Europea y la Universidad Javeriana. Vivió dos años en el municipio de Buenaventura y allí terminó de unir dos inquietudes que hasta entonces parecían separadas: cómo utilizar la ciencia y la tecnología para resolver problemas y cómo lograr que las comunidades fueran protagonistas de las decisiones sobre sus territorios. Después trabajó durante dos años como profesor de Enseña por Colombia en colegios públicos de zonas rurales, una experiencia que también moldeó su participación como líder de Clubes de Ciencia Colombia.
Inspirado para inspirar en las fronteras
Con el apoyo de COLFUTURO, Bryann inició en 2019 un doctorado en Ingeniería Humanitaria, en el departamento de Ingeniería Civil y de Recursos Naturales de University of Canterbury (ubicada en Christchurch, Nueva Zelanda) donde profundizó en un campo que terminaría definiendo buena parte de su propósito: cómo utilizar la ciencia, la tecnología y la participación de las comunidades para enfrentar fenómenos naturales y construir sociedades más resilientes. Después realizó un posdoctorado educando tomadores de decisiones utilizando simulaciones de realidad virtual y consolidó una mirada que hoy atraviesa su trabajo: la ciencia tiene valor cuando logra convertirse en conocimiento útil para las personas.
“Yo hago puentes entre las comunidades, los tomadores de decisiones y los científicos. Soy un gestor del conocimiento científico que permite conectarlos para comprender problemas y evidencias científicas, y lograr que se sienten en la misma mesa y trabajen conjuntamente”, señala.
Aunque hoy está a más de 12.000 kilómetros de Colombia, Bryann convirtió esa distancia en un puente: conecta la diáspora científica colombiana con las necesidades del país y busca que las oportunidades, los conocimientos y los recursos que existen en el exterior también se conviertan en oportunidades para las regiones.
Con esta moción nació el programa Clubes de Ciencia Colombia, una iniciativa que desde 2015 ha acercado la ciencia, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas a niños, niñas y jóvenes de territorios rurales y remotos. Durante una semana, científicos colombianos llegan a una comunidad y acompañan a los estudiantes en una experiencia inmersiva en la que formulan preguntas, experimentan, resuelven problemas y presentan sus resultados en una feria científica ante sus familias y comunidades. Más que enseñar ciencia, el programa busca algo más profundo: que cada niño pueda reconocerse como un posible científico.
“Durante esa semana los niños experimentan qué es ser científico y, además, tienen esa conexión con un modelo de rol que es otro científico colombiano. Ellos se ven en un espejo y dicen: ‘Yo también puedo ser científico’”.
La propuesta adapta la investigación de alto nivel a contextos donde puede faltar electricidad, agua potable o equipamiento especializado. De ese modo, el equipo de científicos busca otras formas de experimentar con los recursos disponibles. Así, ideas desarrolladas en laboratorios internacionales pueden convertirse en experiencias rigurosas y comprensibles en La Guajira, Nariño, Vichada, Tumaco y otros territorios fronterizos.
El impacto de Clubes de Ciencia no termina cuando finaliza cada semana de actividades. Para Bryann, estos encuentros también pueden dejar una inquietud que acompañe a los estudiantes después de volver a sus casas y colegios. Una pregunta, una experiencia o el contacto con otro científico colombiano pueden abrir una posibilidad que antes no habían contemplado y cambiar la manera en que comprenden su propio futuro.
Lo que comenzó como una manera de acercar la ciencia a quienes tenían menos oportunidades se convirtió, diez años después, en una red internacional de conocimiento. Se han realizado 500 clubes en 28 de los 32 departamentos del país; más de 11.000 estudiantes de zonas rurales y remotas han participado; más de 900 científicos han sido instructores, y la iniciativa ha construido más de 300 alianzas con universidades, empresas y organizaciones nacionales e internacionales.
Vivir y formarse en el exterior le enseñó a Bryann a conectar talento, conocimiento y oportunidades más allá de las fronteras. Como dice: “Mi objetivo es inspirar, insinuar algo en el corazón de otros. Ojalá que sea la pasión por la ciencia y cómo esta puede transformar a la sociedad”. Hoy, desde Nueva Zelanda, convierte esas conexiones en oportunidades para Colombia y trabaja para que más niños descubran que la ciencia también puede ser su camino.
ADN DEL TALENTO DE
Bryann Avendaño
Mi motor
La inspiración y la educación científica, porque puede transformar a Colombia y darle la competitividad global que el país necesita.
Referentes
Francisco de Roux, por recordar que las transformaciones se construyen en las regiones y con la gente; Rodolfo Llinas, por su obsesión con hacer de la curiosidad, su carrera de vida; y Antanas Mockus, por conectar la ciencia, las comunidades y la política pública.
Huella COLFUTURO
“COLFUTURO es esa red de talentos que sueña con una Colombia distinta, más educada, más competente a nivel global, en la que todos creemos que puede ser mejor”.
Dato de impacto
Clubes de Ciencia Colombia han realizado 500 clubes en 28 departamentos, con más de 11.000 estudiantes, más de 900 científicos instructores y más de 300 alianzas en diez años.