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Laura Martínez, trabaja para disminuir la brecha de atención en salud mental en Colombia

A los 18 años, Laura Martínez Pinilla llegó a Italia buscando la posibilidad de estudiar psicología. Años después, la formación científica que consolidó allí y su experiencia como mujer migrante se convirtieron en la base de Fundación Buen Vivir, una organización que ofrece atención psicológica y neuropsicológica a migrantes y personas de bajos recursos en Bogotá, con un modelo que busca reducir las brechas de acceso a la salud mental.

Celebramos los 35 años de COLFUTURO con 35 historias de personas beneficiarias del Programa Crédito Beca que están transformando y dejando en alto el nombre del país.

#Fundaciones
Bogotá D.C. Maestría en Cognitive Neuroscience Sapienza Università Di Roma, Italia

Escrito por: Karina Llanos Gómez

Mucho antes de convertirse en neuropsicóloga, Laura Inés Martínez Pinilla comprendió que la psicología podía ayudar a reconstruir vínculos y confianza. Cuando tenía cerca de 12 años acompañó a su padre, socorrista de la Cruz Roja, y a su hermano, quienes trabajaban con la Fundación para la Reconciliación y el Perdón en Ovejas y San Onofre, Sucre. Mientras colaboraba con la logística de las jornadas, conoció procesos de reconciliación entre personas marcadas por el conflicto armado y entendió que la disciplina que quería estudiar podía cumplir un papel concreto en la reconstrucción del tejido social.

A los 18 años, Laura viajó a Roma para estudiar Psicología Social, un campo de formación que no encontraba en Colombia y al que su familia no podía acceder mediante una universidad privada. Italia ofrecía becas, así que se postuló y asumió la incertidumbre de comenzar una vida lejos de casa. “Tenía claro que quería estudiar y estaba enamorada de la psicología social. En Colombia no existía, pero en Italia sí existía la posibilidad. Entonces dije: intentémoslo”, explica.

Durante el pregrado encontró en las neurociencias sociales una manera de conectar el comportamiento humano con la biología, la anatomía y el ambiente. Esa inquietud la llevó a cursar en el 2020 una maestría en Cognitive Neuroscience, en Sapienza - Università Di Roma. Aunque contaba con una beca en Italia que cubría su alojamiento y alimentación, los recursos no eran suficientes. En medio de la pandemia conoció a COLFUTURO y decidió postularse no solo para aliviar la presión económica, sino también porque el apoyo le permitiría pasar más tiempo en Colombia y acercarse a un propósito que conservaba desde su partida: regresar y aportar al país.

La pandemia convirtió la maestría en una experiencia intermitente entre Italia y Colombia. Laura llegó a seguir clases de electrofisiología a las tres de la mañana y tuvo que multiplicar sus horas de preparación para responder al rigor académico. Mientras estudiaba y trabajaba, calculaba cada gasto; disponer de más tiempo le permitió concentrarse en su formación y cuidar su bienestar.

Aunque Laura regresó temporalmente a Colombia para realizar sus prácticas profesionales, las dificultades para homologar su título impidieron que pudiera establecerse definitivamente en el país. Tras volver a Italia, encontró otra manera de contribuir a Colombia mediante la creación de la Fundación Buen Vivir. “COLFUTURO fue un respiro: poder tener tiempo para estudiar, para ir a terapia y la promesa de poder volver a mi país. Eso se enredó con los papeles, pero de alguna forma pude construir la fundación”, recuerda.

Una fundación para cerrar una brecha

Laura realizó su tesis de maestría en los centros de restitución de derechos del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar. Posteriormente, realizó investigación en el Laboratorio Interdisciplinar de Ciencias y Procesos Humanos de la Universidad Externado de Colombia, donde trabajó con población vulnerable. Luego regresó a Italia y, durante la recuperación de una lesión, comenzó a diseñar con varios colegas una organización que integrara psicología, neuropsicología, investigación y gestión.

En 2024, siete socios constituyeron la Fundación Buen Vivir. Actualmente reúne entre 20 y 22 personas y desarrolla proyectos con la Secretaría Distrital de Salud de Bogotá, comunidades migrantes y organizaciones sociales como Nación Verdolaga, Alas que sanan, UNEB, Latinas por Europa y COPACOS.

“La salud mental es casi que un privilegio. Con lo que pagan los migrantes y las personas de estratos más altos, tratamos de dar atención gratuita al estrato uno y atención a muy bajo costo a los estratos dos y tres”, explica. Este modelo permite subsidiar la atención de personas con menos recursos, aunque la demanda supera en ocasiones la capacidad de la fundación.

Desde Italia, Laura supervisa y entrena al equipo, promueve el uso de guías internacionales y vela por los límites éticos de las intervenciones. En dos años y medio, la fundación ha consolidado cuatro proyectos, se ha vuelto autosostenible y realizó entre 100 y 120 intervenciones durante el año anterior. Además, Laura estima que cerca del 80 % de quienes trabajan o hacen voluntariado en la organización consigue empleo rápidamente, adquiriendo experiencia para ingresar al mercado laboral.

Crecer sin perder el propósito

El siguiente reto es convertir Fundación Buen Vivir Bogotá en una Institución Prestadora de Salud especializada en salud mental. Antes de llegar allí, Laura quiere profesionalizar el equipo y lograr que quienes hoy aportan como voluntarios puedan recibir una remuneración adecuada y dedicarse a su profesión.

Su historia no presenta la migración ni el emprendimiento social como caminos simples. Llegar a Italia implicó enfrentar barreras económicas, culturales y académicas; sostener una organización a distancia también ha requerido aprender a confiar en otros. Por eso, cuando habla de lo que la mantuvo avanzando, Laura menciona la testarudez, el cuidado de su salud mental y, sobre todo, las personas que le tendieron una mano.

En ese camino ha sido fundamental contar con un equipo multidisciplinario en quienes confía plenamente: Laura Páez, psicóloga; Juan Felipe Gómez, contador; Jhonathan Sua, ingeniero informático; Ivonne Arias, internacionalista; Gabriele Heran, investigadora en ciencias sociales; y Sara Durán, documentalista y archivista. Cada uno aporta desde un campo distinto, pero comparten la disposición de contribuir, colaborar y asumir responsabilidades para que la Fundación pueda seguir creciendo. Para Laura, son personas a quienes confiaría, sin dudarlo, la gestión de cualquier aspecto importante del proyecto.

“La educación, la salud mental, el trabajo y las oportunidades son cosas que merece cualquier ser humano. Para mí era importante responsabilizarme y ayudar a que otras personas cambien su realidad desde lo poco que puedo hacer.”

Desde Italia, Laura continúa vinculada con Colombia a través de una organización que convierte su formación en atención, empleo y nuevas capacidades profesionales.

El regreso no ocurrió como lo había imaginado, pero el propósito sí encontró un camino: ampliar el acceso a la salud mental y construir una institución, como la Fundación Buen Vivir, capaz de sostener ese impacto en el tiempo.

ADN DEL TALENTO DE

Laura Martínez

Mi motor

Su familia, su esposo y el equipo de socios de Fundación Buen Vivir, quienes la ayudan a recomponerse y continuar cuando el proyecto atraviesa momentos difíciles.

Referentes

Iván Martínez, Manuel Martínez, Juan Manuel Martínez y Marta Pinilla; su esposo y el equipo de socios de la fundación.

Huella COLFUTURO

“Fue un respiro: me dio tiempo para concentrarme en mi formación, cuidar mi salud mental y mantener viva la promesa de aportar a Colombia”.

Dato de impacto

Es creadora de la Fundación Buen Vivir, que a través de un equipo de 20 personas aproximadamente, realizó alrededor de 120 intervenciones durante 2025.